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BORUCAS

 

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Es posible que a la llegada de los españoles el nombre Boruca se utilizara para designar una amplia extensión del sur de Costa Rica. En la actualidad el pueblo boruca vive en dos territorios: Boruca y Curré. Boruca se localiza a 12 Km. de la carretera Interamericana, a partir del sitio llamado El Brujo. Curré se ubica 30 Km. al sureste de Buenos Aires, sobre la carretera Interamericana.  

Hay claros indicios de que Boruca fue un pueblo guerrero. Otro rasgo es haber sido buenos navegantes y constructores de botes con los que surcaban el río Térraba hasta la costa.

En 1629 los borucas fueron “reducidos” bajo el dominio español. Boruca pasó a ser parada del camino de mulas instaurado por los españoles, que transportaba mercancías de Centro América a Panamá. Los indígenas fueron convertidos en arrieros y en proveedores de tributos para los españoles, en especial maíz, frijoles, tejidos, teñido de tejidos y trabajos  como la construcción de botes.

 

Pueblo de sobrevivientes

Se conocen capítulos muy duros de la historia de la gente boruca, caracterizados por la escasa asistencia religiosa, fuerte explotación humana, intensa y sistemática extracción de trabajo y riqueza a cambio de malos tratos. Los indígenas debían sembrar dos milpas de maíz y dos de frijoles, y luego llevar el grano a cuestas hasta Las Cañas (palmar Norte) y embarcarlo en canoas hasta Nicoya. Se les ordenaba fabricar canoas sin pago e ir luego a venderlas a Nicoya, Chiriquí y otras partes. Al intensificar su sistema de agrícola, con producción menos diversa y con menos descanso para la tierra, se produjo disminución de la productividad. Todo esto afectó la vida del pueblo boruca. Como resultado de esta lamentable situación muchos borucas tuvieron que huir llevándose mujeres e hijos a Nicoya, a Chiriquí y Punta Burica.

El deterioro y la disminución de la población fue tan grande que hubo propuestas para reubicar esta comunidad a Tres Ríos y Esparza. Esto mismo fue experimentado por otros pueblos indígenas de la región, que no tuvieron la suerte de Boruca, y que al final sucumbieron. La población boruca actual es la suma de una serie de pueblos indígenas de la región, casi todos ellos desaparecidos. Esto se debe a que en momentos en que peligraba su sobrevivencia, le fueron sumados otros grupos como los Coctu en 1666 y los Quepo en 1746, pueblos que también estaban desfalleciendo víctimas de la explotación española.

Dichosamente a finales del siglo XIX se observa un nuevo florecimiento del pueblo boruca y un clima de expansión. Ya a principios del siglo XX había gente Boruca otra vez en Curré, Palmar Norte y Puerto Cortés. Propio de esta nueva fase de su vida fueron los viajes en bote por el Térraba hasta la costa para elaborar sal y vender productos en El Pozo (Puerto Cortés), el uso de trajes coloniales por las mujeres, la Fiesta de los Diablitos, el Baile de los Negritos, además de la antigua fabricación de cordelería a partir de bejucos, uso de trojas y tabanco para guardar las cosechas, acarreo de niños y cosechas en jabas, participación en juntas (forma de trabajo colectivo), la pesca y la caza.

 

Borucas y cambio cultural

Las plantaciones bananeras al sur de la región desde los años treinta, la apertura de la Carretera Interamericana a mediados de los años sesenta, la llegada masiva de meseteños y el proceso de modernización en general, generaron cambios drásticos en la vida de los borucas. Sin embargo, en medio de tan fuertes procesos de cambio cultural, se han suscitado movimientos de revalorización de la tradición y la cultura indígena. Prueba de ello es la recuperación de saberes tradicionales como las artesanías y, especialmente, la elaboración de máscaras. Una de las tradiciones más representativas es el Juego de los Diablitos.

 

El juego de los diablitos

El Juego de los Diablitos es la actividad tradicional más importante del Pueblo Indígena Boruca. Se practica en Boruca del 30 de diciembre al 2 de enero; y en Curré durante la última semana de enero. El juego pone de manifiesto la cultura brunka en todo su esplendor al relacionarse directamente con la identidad étnica del Pueblo Boruca. Año tras año, de manera simbólica, los borucas nacen, mueren y regresan a la vida. El juego es una lucha en donde los diablitos representan al Pueblo Boruca y el toro simboliza el Invasor Extranjero.

Acontecimientos del Juego:

  • DIBUJO 1. Cerca de la media noche los jóvenes suben a un monte cercano y allí a las 12 en punto, nacen los diablitos, ataviados con sus máscaras y sus trajes. Su actividad es alegre y despreocupada bajo la autoridad del Diablo Mayor, bailando, comiendo tamales y bebiendo chicha.
  • DIBUJO 2. Con el amanecer aparece el toro como una fuerza de exterminio, cuyo objetivo es aniquilar a los diablitos.
  • DIBUJO 3. Durante tres días el toro lucha contra los diablitos conducidos por el Diablo Mayor. En la tarde del tercer día, los diablitos caen aparentemente vencidos por el toro y sus cuerpos quedan tendidos por tierra. El último en caer es el Diablo Mayor.
  • DIBUJO 4. El toro huye y se refugia en el monte.
  • DIBUJO 5. Pero milagrosamente los diablitos retornan a la vida. Algunos aseguran que una mujer es la única que no muere y es ella quién logra, mágicamente, dar vida a la etnia. Ante un llamado del Diablo Mayor y su caracol, los diablitos se levantan y se desata la búsqueda del toro.
  • DIBUJO 6. Los diablitos inician la cacería del toro, hasta dar muerte a su adversario.
  • DIBUJO 7. Los diablitos, junto a la comunidad entera, se ensañan contra el toro. Los restos son paseados por los alrededores. Sus pedazos son vendidos o regalados. Su sangre es la chicha de la que todos beben. Los restos del toro son quemados en una fogata.
  • DIBUJO 8. Todo termina en una fiesta con amplia participación del pueblo y los visitantes.

La fiesta se acaba, pero el final es transitorio, porque cada año con el Juego de los Diablitos, renace la identidad indígena del Pueblo Boruca. Cada vez que se juega Los Diablitos, Boruca y Curré vuelven a nacer. 

Juego de los Diablitos - Reciente

 

Borucas desplazados de Palmar Norte

El Palmar de los Indios

Historiadores y vecinos mencionan la existencia de familias borucas a finales del siglo XIX en un sitio llamado “El Palmar”, donde hoy está “Palmar Norte”. Es probable que la cabeza de este grupo haya sido Agustín Díaz. Don Agustín muere en 1892 y le sucede Virginio Díaz como cabeza de familia, hombre que todos recuerdan por su buen trato: “todo un caballero y cabal cristiano, alto, delgado, apacible en su trato”. El rancho de don Virginio, “el más amplio, cómodo y aseado de la localidad”, era posada de muchos viajeros en ruta de Buenos Aires, Térraba y Boruca hacia El Pozo.

 

La Compañía Bananera y el desalojo de indios

En 1927, la Compañía Bananera mediante múltiples ardides logra desalojar a los indios de Palmar, y sin importar que fuera un territorio de antigua ocupación indígena, tituló las tierras a su nombre. Lo mismo hizo con El Pozo, Ojo de Agua y Balsar. Por aquella época, Palmar era una población de ranchos pajizos, contaba con una ermita y una escuela recién inaugurada. Muchos de estos indígenas habían hecho denuncios de tierra en 1914, pero posiblemente por desconocimiento no los revalidaron en 1919. Cuando quisieron ponerse al día, la Compañía les paró el denuncio. Se dice que primero los despojaron de sus tierras de labranza y luego del caserío. En 1935, un corresponsal del periódico “Trabajo” entrevistó a unos indígenas que manifestaron: “Teníamos nuestras milpas hechas en terrenos donde hemos trabajado toda la vida, cuando llegó la Compañía y en unión del Agente de Policía nos quitaron esas tierras”.

 

Venancio -Símbolo de resistencia indígena

Verdadero dolor de cabeza para la Compañía Bananera fue Venancio Mora Rojas, indígena boruca que durante mucho tiempo se negó a vender sus tierras a la transnacional. Se sabe que tras la muerte de su padre, Venancio se trasladó de su natal Boruca (3.1) al “Palmar de los Indios”, hoy Palmar Norte (5.2), donde residía ya en 1912. Más tarde cruzó el río Térraba hacia el sitio denominado El Gorrión, en Palmar Sur. En su parcela Venancio cultivaba cacao y banano. Transportaba banano en canoa  y lo vendía a la transnacional. Mientras tanto, la Compañía fue acaparando las fértiles tierras de las vegas del río Térraba, desde El Pozo (Ciudad Cortés) hasta llegar a la finca de Venancio. Allí, junto a El Gorrión, la empresa construyó el campo de aterrizaje de lo que sería su centro de operaciones en Palmar Sur (5.1). Pero se dice que “pese a sus intentos –la Compañía- no logró que Mora vendiera la propiedad, más aún el boruca se resistió a todo intento de persuasión, mostrando desprecio por los dólares que le ofrecían.”  Y por si fuera poco, se cuenta que junto a la pista de aterrizaje había un imponente ceibo, propiedad de Venancio, verdadero problema para la Compañía, por el peligro en las maniobras de quienes utilizaran el aeropuerto.

 

 

A orillas del Térraba

No fue sino hasta que estuvo viejo y cansado de su enfrentamiento con la bananera, que un día decidió por fin vender. Adquirió tierras a orillas del Térraba en el sitio denominado Cañablancal, dejó para siempre El Gorrión y al poco tiempo falleció. Allí en Cañablancal, a tres kilómetros de Palmar Norte, antiguo “Palmar de los Indios”, le sobreviven sus descendientes, doña Chanita y don Memito. Y de allí proceden también los fundadores del Asentamiento Cañablancal INDER (5,5), aledaño al sitio arqueológico Batambal. El recuerdo de Venancio Mora, su actitud y su majestuosa ceiba, se han convertido en un símbolo de la resistencia indígena. Y este símbolo es hoy recordado con respeto por los habitantes de Osa. En el ideario de las gentes “el Indio Venancio”, se ha transformado en mito y leyenda. Esta historia sirve para recordar la presencia boruca en la historia de Osa, que Palmar Norte fue primero “El Palmar de los Indios”, y que todavía hoy viven indígenas borucas en este cantón. (Elaborado por JL Amador a partir de textos de Claudio Barrantes, 2015 y Ana Luisa Cerdas, 1993).

 

 


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